Contingencias

Pontevedra. Agosto 2013

Pontevedra. Agosto 2013

Cuando sonó el despertador lo apagué aún dormido. Con desgana me fui desperezando y puse los pies en el suelo como todas las mañanas. Abrí el grifo de la ducha y esperé a que se calentase el agua mientras, igual que ayer, aliviaba los intestinos de las continencias nocturnas. Duchado y vestido, tomé el desayuno habitual y, con el café aún en el paladar, salí corriendo hacia el trabajo. En el transporte público encontré las caras de siempre y entré en la oficina, como de costumbre y en contra de mi voluntad, cinco minutos tarde. Pocas novedades me sorprendieron durante la jornada y las conversaciones de los compañeros tampoco me impresionaron. Como era jueves, el menú del día de todos los restaurantes cercanos incluía paella y, aunque nunca me recuerda a las tomadas durante las vacaciones en la playa levantina, la tomé con gusto. Desde que el año pasado el médico me recomendase ejercicio, siempre regreso a casa caminando. Así que, tras un largo y reconfortante paseo, llegué a casa sin sobresaltos, leí un rato, preparé la cena y la tomé, como todas las noches, mirando las noticias. Nunca dejo de sorprenderme: Parece increíble la de cosas que pueden suceder; estás en tu casa tan tranquilo y, de repente, te cambia la vida…

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