Valientes

Ourense. Agosto 2013.

Ourense. Agosto 2013.

Valentín, haciendo honor a su nombre, siempre llegaba el primero a la plataforma y esperaba a que todas las chicas estuvieran pendientes para lanzarse al agua haciendo cabriolas y mortales. Después le seguían Roberto y Matías. Entre los tres competían por ver quien realizaba el salto más espectacular. Ellas reían con hipidos cortos y cuchicheaban dándose codazos. Miguel Ángel y yo rara vez nos tirábamos. Preferíamos charlar con las chicas de nuestras cosas, leer tebeos a la sombra y remojarnos entrando despacio desde la orilla cuando el calor apretaba. Luego, los más lanzados -en todos los aspectos- se acercaban al grupo y ridiculizaban a los que pasábamos de las piruetas para así seguir presumiendo. Mentiría si dijera que me daba lo mismo. En realidad, no sólo me irritaba sino que agudizaba mi complejo de inferioridad. Ya en el instituto, cuando había perdido el rastro a los valientes y sólo me juntaba con raritos como yo, comprendí que el valor no se encuentra en los músculos, que se necesitaba coraje para diferenciarse del grupo y que a Carmen siempre le gustaron los chicos que leíamos.

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