Otoño

Ocentejo (Guadalajara). Noviembre 2012

Creo que el espejo me engaña. Todas las mañanas, cuando me lavo la cara, me devuelve la imagen de la misma persona: alguien a quien creo conocer desde hace años y cuyo rostro apenas cambia de un día para otro. Sin embargo, el otro día me enseñaron a esa misma persona capturada por una lente y poco se parecía a la del espejo. El paso del tiempo había dibujado en su cara un paisaje otoñal de ramas despobladas, hojas decoloradas y desnudas cortezas rugosas. Había, sin embargo, un detalle que me convenció de que se trataba del mismo ser: la mirada que, como un camino, seguía apuntando al horizonte.

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