Vapor

Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Mi abuelo me contaba que desde lo alto del campanario, los días despejados, podía verse casi hasta la capital pero que, incluso los días más nubosos, las cercanas montañas recortaban el cielo para enmarcar el pueblo. También me contaba que no tenían tele y que por las noches conversaban al calor de la lumbre iluminados por un candil; que había una bombilla en la casa del alcalde y otra en la plaza del pueblo. Después llegó el progreso y las calles se cubrieron de cables que, como guirnaldas, cruzaban de un lado a otro. Hoy todas las casas tienen antenas y calefacción pero en el horizonte las protagonistas no son las montañas sino dos enormes chimeneas que constantemente escupen, dicen, vapor de agua.

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