Prohibido

Zaorejas (Guadalajara). Noviembre 2012

En el pueblo no había agua corriente. Para beber llenábamos la tinaja de la despensa; para asearnos, la palangana. La ropa se blanqueaba en los lavaderos públicos, foro donde intercambiar noticias y pensamientos. El orinal dormía bajo la cama y al usarlo de noche, el chorro contra la porcelana resonaba sobre el piso de madera. Un día llegaron los de la acometida y acercaron el agua a todas las casas. Con una delgada pared se dividió una pieza y se improvisó un aseo. A partir de entonces, dejamos de ir con tanta frecuencia a la alameda que crecía junto al río, tras la casa.

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