Pedales

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Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Mariano tenía una moto: una pequeña Peugeot con pedales que se trajo de Francia cuando fue a la vendimia. No había más motores en el pueblo. Porque el tractor de Anselmo y la bomba para el pozo de Julián no cuentan, claro. Casi todo el mundo se movía andando o en burra. Por eso llamaba tanto la atención la bicicleta de Vicente, el cartero. Casi más que la moto de Mariano porque la mitad de las veces se quedaba sin gasolina, fallaba la bujía o se gripaba el cilindro y tenía que terminar empujando. Cada vez que llegaba Vicente todos salían a recibirlo y ni te cuento la algarabía que formaban los muchachos si ya habían salido de la escuela. También es verdad que tras el soniquete del timbre y el rodar de los radios venían las noticias, tan esperadas como la bicicleta. Vicente y sus pedales nunca faltaron del pueblo. Por eso conocía toda la historia de las piedras, todas las historias tras los muros. El día que colgó la bicicleta, la aldea comenzó a morir.

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