Difícil

Madrid. Octubre 2012

El trapecista quería deslumbrar y se empeñó en el más difícil todavía. Complicó tanto sus ejercicios que, preocupado por la dificultad, dejó de pensar en la belleza. El público al que tanto necesitaba se difuminó, las ovaciones desaparecieron y desde entonces sólo escuchó sus propios latidos. Un día, en pleno vuelo, se preguntó para qué. Volvió la vista a las gradas, puso rostro a las exclamaciones y aterrizó en el centro de la pista arrepentido.

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