Cardos

Huecas (Toledo). Octubre 2012

Aunque sabía que teníamos mucho trabajo pendiente, mantenía viva la ilusión porque pensaba que, poco a poco, avanzaríamos hacia la meta soñada. No ignoraba que las hierbas malas crecen con fuerza y obligan a redoblar los esfuerzos pero, iluso, creí que terminaríamos con ellas. Incluso ahora, a veces, lo sigo pensando. Alguna mañana, sin embargo, cuando acudo a la tierra en busca del fruto anhelado y sólo encuentro desafiantes cardos que emergen, la esperanza se desinfla con sus púas.

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