Trompeta

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2012

Cuando Bello Sandalio se dio cuenta de que amaba más a la Dama del Piano que a su trompeta, le puso a ésta el nombre de Golondrina. Un sonido áspero rasgó las páginas del libro y me devolvió a la realidad durante unos instantes: Un músico venido de fuera se ganaba la vida ofreciendo melodías. Y lloré porque Candelarito del Carmen acababa de dormir para siempre en su cuarto día de vida.
La Mazamorra no se masca. Eso lo sabía bien Candelario Pérez y Golondrina del Rosario sentía que ni toda la música del mundo, ni toda la poesía que su madresita del alma le entregó, podían mitigar el dolor y el tormento infinito que le estaba trepanando el alma. Pensé que, como a ella, nadie podría arrebatarme el recuerdo de aquellas noches ardientes en las que gemíamos música de placer al tiempo que las bocas se inundaban de nardos, aquellas noches en que nos amábamos sin partitura, a capella, sin medida.

(Inspirado en Fatamorgana de amor con banda de música, de Hernán Rivera Letelier)

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