Promesa

Málaga. Abril 2012

Fue una noche de esas en las que uno se abandona a la vida, se borra el “no” del vocabulario y se apunta un “sí” a cada sonrisa. El humo ocultaba los rostros y el volúmen de la música las palabras pero el ritmo pintaba contorneos en los cuerpos que se agitaban poseídos por el compás festivo. Entre el tumulto escuché su mirada y le traje una copa que me pagó con un beso. Creo que daban un concierto aunque yo sólo veía la armonía repetida al ritmo de sus caderas; como única poesía, su cintura. Antes del segundo cigarro nos besamos sin que redoblaran los tambores y se fue antes del bis. Le regalé mis dedos para pulsera y le robé un mordisco para colgante. Me despidió con una promesa aunque de sobra sé que mentía.

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