Devoción

De rejilla

Málaga. Abril 2012

Poco después de celebrar mi primera comunión con todo el boato que la ocasión requería, vestido de merengue incluido, me di cuenta de que me aburría solemnemente la liturgia. Además, aquel verano, que pasé en la playa con mis padres, conocí a Robert. No volví a saber nada de él pero me descubrió otras devociones posibles. Yo crecía y mi familia seguía acudiendo a la iglesia; especialmente cuando íbamos al pueblo. Allí me lo pasaba en grande porque “como no hay peligro“, mis padres me daban rienda suelta. Aquella pandilla sí que sabía divertirse y no los sosos de Madrid. Podíamos hacer lo que nos diera la gana sin límite de hora con una única condición: respetar las fiestas de guardar y acudir puntualmente a misa.

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