Un beso

Málaga. Abril 2012

Cuando se conocieron junto a la máquina del café no podían imaginar que llegaría este día a pesar de que un relámpago les estalló en el vientre. Durante los días siguientes, la ilusión por volver a coincidir en el momento del reposo les mantenía de buen humor y, si el azar no les juntaba, al regresar a su puesto lo encontraban más gris. Poco después se intercambiaron las direcciones de correo electrónico; así resultaría sencillo compartir el desayuno. A las pocas semanas ya sabían las zozobras y contentos de sus vidas pasadas. Por eso, aunque en aquel momento no pudieran imaginarlo, resultó inevitable que llegara este día. “Cariño, han venido unos clientes de Inglaterra y tendremos reunión para largo; no sé a qué hora llegaré hoy. Creo que había algo cocinado en el congelador. Yo también te quiero. Un beso”.

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