Oficinas

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Febrero 2012

En el barrio donde nací y me crié no había parques. Los niños jugábamos en un descampado al que los camiones vertían montones de escombros que utilizábamos para fabricar nuestros campamentos. A veces un remolque descargaba viejos tablones con los que aprendíamos bricolaje aunque ignorásemos esa palabra: desde una cabaña hasta un avión que pretendíamos hacer volar. Los botes de pintura llegaban vacíos o secos por lo que sólo pudimos practicar esa técnica en el colegio y sobre papel. A pesar de eso, siempre encontrábamos materiales con los que inventar y convertir nuestro refugio en una confortable vivienda o en una lujosa oficina.

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