Estupidez

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Febrero 2012

Cuando, después de tres días, salí por fin de la cueva, descubrí que el viento había barrido las casas. Resultaba extraño pasear por unas calles desiertas de las que también se arrastraron los coches. Por las aceras que el vendaval no logró levantar quedaban aún restos de escombros y troncos de árbol aparentemente débiles que supieron doblarse a tiempo para no ser arrancados. Una familia de perdices correteando me reveló que algo de vida se había salvado. Respiré aliviado. Seguí explorando mientras pensaba que con la ciudad por los aires teníamos una buena oportunidad para comenzar de nuevo, esta vez sin fallos. De pronto, una marca en el perpetuo asfalto me constató que el viento no había logrado llevarse la estupidez.

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