Costumbre

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Octubre 2011

Como de costumbre, hoy me levanté antes que el sol y me desperté bajo la ducha antes del acostumbrado desayuno liviano. Después, sin recoger la cocina y desoyendo al termómetro, que aún no había subido a cero, tomé la bicicleta y busqué el camino de la laguna. Los conejos se cruzaban a mi paso y las perdices se asomaban entre el esparto extrañadas por el ruido de las ruedas.  Estorninos, grajillas y chovas me acompañaron algunos tramos ante la mirada silenciosa del halcón. Al llegar al agua sorprendí a las garcetas desperezándose. Asustadas cambiaron de rama salpicando de blanco el humedal. De regreso, desde un otero que me hizo sudar, descubrí la autopista. Como de costumbre, bandadas de autos corrían en dirección a la gran ciudad que en la distancia se dibujaba como una silueta de edificios recortados contra la montaña.

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