Ovillo

Granada. Septiembre 2011

Tan ocupado estaba batallando
que marchó dejando la puerta de su amada abierta.
Tan ocupado estaba batallando
que, sin prisa por volver, olvidó que la corriente enfría el temple.
Tan ocupado estaba batallando
que en la soledad ella se cansó de tejer un manto de estrellas.
Yo, enemigo de batallas, despreocupado de ocupaciones y sin más tarea que cantar a la luna,
entré cuando vi la puerta abierta,
amé al encontrar un alma solitario y
entrelazando mis dedos con los suyos
la ayudé a devanar
en un ovillo nuevo la seda
derrochada mientras él
seguía batallando.

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