Espiral

Madrid. 1987

La habitación se ha quedado en penumbra despacio, sin avisar. Por la ventana ya no llegan las voces de las vecinas: también el silencio se hizo despacio, sin avisar. Sin avisar ha caído la tarde y se ha hecho tan pesada que encarcela entre las paredes. Ahora escucho los pasos sobre las baldosas y los latidos y las tripas y los pensamientos que retumban como esta mañana lo hacían las conversaciones del patio. No encuentro otra salida que un disco sobre la mesa. Impaciente, lo extraigo de su funda y coloco en el plato: Los primeros refritos abren la ventana, los primeros acordes me empujan, las primeras palabras me llevan, volando en círculos concéntricos, como la espiral de los microsurcos.

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