Monotonía

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2011

Los días grises se sucedían tan idénticos que costaba distinguir uno del siguiente. Vivíamos entre milimétricas franjas horarias que, como barrotes, impedían escapar. Pero no soñar: con los fines de semana, con las vacaciones, con jornadas coloreadas en las que el tiempo se detuviera. Sin embargo al llegar la esperada fecha multicolor las horas se esfumaban sin que llegáramos a ser conscientes y otra vez los barrotes grises nos atrapaban. Así fue día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año hasta que una mañana, cuando el despertador me empujó a la rutina, tomé un rotulador naranja y pinté el desayuno.

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