Gorrión

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Mayo 2011

Nada más conocerle supo que tenía el corazón de gorrión; su gorgojeo la hacía feliz así que lo tomó entre las manos pero con la delicadeza de quien conoce que los pajarillos atrapados mueren de pena.
Cantó alegre en su ventana durante las mañanas de primavera. Se cobijó entre su pecho como en un matorral durante las noches de verano pero al llegar el invierno, recordando los trigales, comenzó a apagarse. Ella, consciente, abrió las manos mostrándo el cielo abierto.
Tenía el corazón de gorrión y le angustiaban como barrotes sus dedos de seda por eso agitó las alas aprovechando una ráfaga de viento y se marchó despacio, sin ganas y con miedo, aún sabiendo que tras su vuelo caía un manto gris que aún entristece la ciudad.

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