Ladera del almendro

Antes de la llegada de los colonizadores los lugares no tenían nombre. Cuando llegó el primer aventurero se paró, observó y nombró. Donde encontró mares de yeso llamó Cerro Blanco; donde vivía el espino, Cerro del Espino; donde reposaba el almendro a la vera de un monte, Ladera del Almendro. Después aumentaron las visitas y el yeso, el espino y el almendro fueron sustituidos por asfalto, hormigón y ladrillo. Como los antiguos nombres carecían de sentido, se buscaron poetas, flores lejanas o ilustres que recordar. Un día abrí un mapa viejo y localicé el lugar donde habito. Después, como homenaje al desaparecido, sembré un almendro nuevo. Ahora proclamo orgulloso que vivo en La Casa de la Ladera del Almendro.

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