…del diablo

La Granja (Segovia). Febrero 2011

Esa música del diablo…
Podía masticarse la densidad del ambiente que les acogía como la cuna al bebé y les atrapaba como un camino embarrado. Se sintió acariciada por los primeros compases que dibujó el contrabajo; cada pulsación sobre la cuerda le provocaba un escalofrío que se convirtió en palpitación cuando el platillo comenzó a sonar: con cada golpe, un impulso del corazón. Las notas del piano se abrieron paso entre la nube de la sala hasta su blusa; se deslizaron bajo ella rozándole la piel. Un bemol le besó el cuello, un acorde se abrazó a su cintura.
Esa música del diablo… Sus pies no pisaban el suelo, su cabeza giraba como un remolino, su cuerpo no le pertenecía y la armónica comenzó a soplar. La ronca ráfaga de viento rasgó la bruma abriendo un sendero desde el escenario hasta su cuerpo.
Esa música del diablo… La melodía bajó por sus pechos, se perdió entre su ombligo y recorrió sus caderas segundos antes de adentrarse en su sexo y adueñarse de su cuerpo, de su alma.
Esa música del diablo…

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