Contagio

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Diciembre 2010


Lo que empezó como un tranquilo paseo campestre terminó de manera inesperada. Hacía frío y cubrí mi cuerpo pero una inquietud se coló entre los resquicios de la ropa. Disminuí el paso al notar que el estómago se estrujaba. Ramas de congoja comenzaron a brotar en el vientre y se extendieron por el pecho cortándome la respiración. La angustia también echó raíces paralizando las piernas. Tuve que sentarme. Miré entorno y contemplé el paisaje; aunque sosegado en apariencia, una fina capa de tristeza había borrado los colores. Ya era tarde, su penar me había contagiado.

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