Distancia

Portugalete (Vizcaya). Agosto 2010

Nos separaba mucho más que un río. Al otro lado, un jardín rodeaba las grandes casas en las que para entrar había que esperar que la sirvienta abriera la puerta. En este lado vivíamos en bloques oscurecidos por el hollín. Jugábamos en la calle, entre los coches, y en la otra orilla a veces veíamos un futuro inalcanzable. Un día atravesé el puente. Aunque era jueves, al otro lado las niñas vestían de domingo. Noté su mirada inquisidora, como si yo hubiese llegado con mi gastado pantalón para interrumpir su paz. Una, sin embargo, con el vestido manchado de arena y el pelo ligeramente revuelto, me sonrió. Intenté acercarme a ella pero una señora la tomó enérgicamente de la mano para alejarla de mí. Entonces me di cuenta de que no bastaba un puente de hierro para unir la distancia que nos separaba.

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