Sin gaseosas

Santillana del Mar (Cantabria). Julio 2009

Cuando se acabaron las gaseosas mi madre me mandó a la bodega a por una botella para la comida. Me levanté del sofá de mala gana pero allí encontré a Carmencita, la niña del primero B, a quien también se le habían terminado las gaseosas. No nos dirigimos la palabra pero mientras recogía el cambio, me regaló una sonrisa que lo dijo todo.

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