Bajo

Madrid. Abril 2007

Llegaron sin prisa pero entraron y se quedaron unos segundos retumbando en el pecho; entonces se produjo la conexión. No sólo del músico con el espectador sino de ambos con la tierra o quizá con el cielo porque esas notas que hacían vibrar, al mismo tiempo elevaban mientras la realidad quedaba difusa en otro plano.

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