Reflejo

Bucarest (Rumanía). Noviembre 2006

Dejamos escapar los últimos minutos en una perezosa prórroga que anunciaba el final de nuestro tiempo. El reloj parecía un pánfilo que no cumplía su tarea cuando apenas unas horas antes, los días se habían esfumado como estrellas fugaces. Agotamos las palabras durante la espera y sólo nos quedó mirar las pesadas agujas de piedra sobre la pared pero para entonces el tiempo ya se había convertido en un vacilante reflejo que ondeaba con el viento.

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