Guía

Pechos

Como no conocía la ciudad, le mostré mis rincones preferidos: las tabernas, los palacios, las calles en que se reflejan las farolas de la noche, las plazas en las que tumbarse para buscar estrellas. Como no conocía mi casa, le mostré mis rincones preferidos: las escaleras, las ventanas abiertas a levante, el rincón donde florece la buganvilla, el patio en el que sentarse para buscar estrellas.
Como no conocía mi cama, le mostré mis rincones preferidos: las paredes del color del amanecer, el lado donde se enciende el incienso, las sábanas, la esquina desde la que se ven las estrellas.
Yo no conocía su cuerpo y ella me descubrió todos sus rincones: la cintura para mis manos, el cuello para mis labios, los pechos para mi lengua y su boca.

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